Cada año, cuando acaba el curso de iniciación al Aikido, tengo la sensación de decir adiós a una pequeña familia. Este año no podía ser menos, y creo que el grupo –más heterogéneo que nunca– lo ha disfrutado mucho y así lo manifestaba tras las últimas prácticas y cena de despedida.

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Es la consecuencia lógica de enfrentarse a problemas y asumir retos en común… compartir tatami, en definitiva.

De nuevo he tratado de exponer lo que creo que es la base del Aikido de la forma más honesta que sé: la primera semana, muchos desplazamientos, caídas y movimientos didácticos; la segunda, más caídas, trabajo de relación uke-tori y las técnicas de forma más ortodoxa. Es la fórmula que lleva funcionando más de una década, con alguna holgura y adaptación según la dinámica de los grupos.

Así que quienes querían saber de primera mano lo que era el Aikido, ya han experimentado por ellos mismos por qué nos movemos así, por qué parece todo tan plástico desde fuera… y se han dado cuenta, como decía repetidamente durante el seminario, de «las capas» que tiene nuestra disciplina (físicas, psicológicas…), que le dotan de una singular riqueza.

Más de uno continuará practicando, donde y cuando pueda ser. Estoy convencido. Así que, en el fondo, no es «decir adiós a una pequeña familia», sino, más bien, decir «hola» y bienvenido al budo a más de uno.

Gracias a todos los alumnos del seminario por vuestro interés y enhorabuena por vuestro esfuerzo. También mi más sincera gratitud a mis alumnos veteranos que echan una mano en las clases siempre que pueden. (Me gusta que les guste.) Os dejo una serie de fotografías, como todos los años. Un abrazo aiki.


Víctor Gutiérrez Navarro
Instructor de Aikido del dojo Sintagma Valencia
victor@aikidovalencia.es

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